Edgar C. Otálvora/El Nuevo País
El movimiento autonomista boliviano, acusado desde Caracas y La Habana de secesionista, ha servido para poner sobre la mesa una serie de movimientos secesionistas existentes en el subcontinente, algunos de ellos alentados por el actual gobierno venezolano. También ha servido para dejar en evidencias que la pugna entre centralismo y federalismo está viva en Suramérica.
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