Al final la violencia me alcanzó… Huyendo de las balas, Ramón Madrid dejó Medellín y vino a Caracas en 1980
Javier Brassesco/El Universal
La vida le enseñó a Ramón Madrid que al pobre, por más que corra, la violencia siempre termina alcanzándolo.
Corría el año de 1980 cuando este humilde soldador llegó a Caracas por primera vez a visitar a su hermana, que estaba (y aún está) casada con un venezolano. Venía de esa Medellín que por entonces era la ciudad más violenta del mundo, un espanto de narcotráfico, sicariato y conflicto armado que terminó con la vida de dos de sus hermanos.
Allá en su ruda ciudad tenía un buen trabajo, pero Ramón pensó que su vida era primero y tomó la decisión de echar raíces aquí. Y vaya que las echó: vivió en la avenida Baralt, en San José, en la avenida Sucre y hoy en El Amparo, fue mecánico, pintor, latonero, taxista, tuvo cuatro hijos y desde hace más de un año es abuelo de morochos. Se convirtió en un colombiano más entre los casi dos millones que abandonaron su país por la violencia.
Pero mientras transcurría su vida, se invirtieron los papeles entre Medellín y Caracas: la capital del departamento de Antioquia tuvo en 2007 26,3 muertes violentas por cada cien mil habitantes, mientras que en Caracas esa misma cifra llegó a 48, es decir, casi el doble.
Su hermana se devolvió a Colombia hace ya varios años con todo y su esposo y sus dos hijos venezolanos, y muchas veces Ramón ha pensado en seguirle los pasos. “Es que cada vez es más la gente que se regresa a Colombia, y yo no conozco ninguno que se haya venido para acá en los últimos cinco años”.
Siente que de nuevo la violencia lo está empujando hacia afuera. Aquí le han robado dos vehículos, una vez le partieron la cara para atracarlo y hace poco una persona le sacó una pistola desde un carro porque él le reclamó que iba contra flecha.
Uno de sus sobrinos vino de Colombia a visitarlo, estuvo unos días en su casa y todo el mundo en el barrio le decía que no anduviera con esos zapatos tan caros por ahí, que corría peligro. El niño ni siquiera entendía el porqué de ese énfasis.
Además visitó Medellín hace pocos meses. Era la primera vez en ocho años que veía a su ciudad natal y le conmovió: “Estaba incluso más linda que cuando la dejé, más ordenada, más limpia (que siempre lo ha sido). Pero el gran cambio es que ya no se siente ese ambiente de violencia.Hay crímenes porque aún hay pobreza, pero ya nadie habla de sicarios ni de narcotráfico, sino de manera ocasional. Cuando yo vivía allí eso era el tema de todos los días: mataron a éste, mataron al otro”. Esa vez fue a visitar a su hermana, y le pasó lo mismo que cuando en 1980 vino a Caracas a verla: pensó que se quería quedar allí.
Después de todo, allá están su mamá y sus cinco hermanos. Además está el agua, claro. Él asegura que el agua de Medellín es la más limpia de toda Colombia. Lo había olvidado, pero lo recordó apenas tuvo sed.
El problema es que ya no tiene 19 años sino 48. Y carga con cuatro hijos y dos nietos que en 1980 no existían. Así, y sin dinero, es difícil volver a empezar.
No se atreve a decir que se arrepiente de haberse quedado aquí, (”después de todo no me ha ido tan mal porque yo siempre he sido muy trabajador y le tengo cariño a este país”) pero no puede dejar de soñar con reencontrarse un día y ya para siempre con su familia.
Así como otros anhelan ganarse la lotería (él también), Ramón no deja de imaginarse ese día en que ya no tendrá que llamar a su mamá todas las semanas para decirle que está bien, que por suerte y demos gracias a Dios no le ha pasado nada.
No, no tendrá que llamarla por teléfono porque su madre estará con él. Y será lunes, y podrá ver a sus hijos crecer en paz, sin miedo a malandros que les quiten los zapatos o a balas que les quiten la vida. Y con un vaso de agua entre sus manos, un agua que será bendita sin necesitar la bendición de ningún cura, se preparará a salir en su taxi, y otra vez será capaz de recoger pasajeros en la calle, cosa que no hace en Caracas desde la última vez que lo robaron, desamparado en El Amparo. Sueña con el día en que la pertinaz violencia se canse de perseguirlo y él no tenga que correr ni siquiera en su mente. Ese día el mundo por fin será ancho.
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Junio 21st, 2008 at 12:58 pm
Hoy dia los Venezolanos somos los Colombianos del ayer, huimos del pais, de la inseguridad, de los secuestros, de los abusos. Mientras que en Colombia han logrado cambiar poco a poco los niveles de violencia, cercar a la FARC y acabar con personajes como Escobar aqui en Venezuela nos Cubanizamos mientras la violencia no nos permite entenderlo cabalmente, parecemos dormidos. Mucha responsabilidad tienen los mandatarios anteriores a Chavez, muchos actualmente enchufados con el gobierno, lease Muller. Hoy dia sufrimos los rechazos a los extranjeros en el exterior. Nos damos cuenta que al no ser “Ta Barato Dame Dos” no somos interesantes, venezolano pobre no es bien recibido en ninguna parte.