Myanmar vota su proyecto constitucional ajena a la necesidad de su población
El Mundo/España
- Se cifra en 170 millones de dólares la cantidad urgente que se necesita
- Han muerto 22.500 personas, si bien se estima que podrían superar las 100.000
- Este sábado llegan al país dos aviones con ayuda de Naciones Unidas
- Creen que ceder con la fecha podría haber supuesto vía libre a más demandas
La Junta Militar de Myanmar mantuvo su plan y decidió seguir adelante con el referendo programado para este 10 de mayo con el que se decide acerca del proyecto constitucional del país. La decisión contradice los llamamientos de la comunidad internacional para que se suspendiera la consulta tras la devastación causada por el ciclón ‘Nargis’ en el sur del país, que se ha cobrado miles de víctimas mortales.
El único espacio para la condescendencia ha sido el retraso, en las zonas más afectadas por el ciclón, Rangún y otras 47 poblaciones del delta del Irrawaddy, según el Gobierno, que acudirán a las urnas el próximo 24 de mayo.
Los centros de votación permanecen abiertos desde la 1.30 de la madrugada de este sábado, hora española, y se cerrarán a las 11.30 de la mañana. En cualquier caso resulta imposible saber si se cumplió el horario de apertura en todos los centros y la cantidad de personas que acuden a votar porque todos los medios de comunicación en la antigua Birmania los controla el Estado y sólo informan de lo que le conviene a las autoridades.
Parsimonia frente a la catástrofe
La celebración de estos comicios llegan en un momento en el que el país aún sigue sin conocer la consecuencias exactas del desastre natural más mortífero en la zona tras el tsunami de 2005. Hasta el momento, y aunque las cifras oficiales hablan de 22.500 muertos, el gran número de desaparecidos y la gran cantidad de zonas que aún permanecen aisladas hacen pensar que la cifra se irá más allá de las 100.000 víctimas.
En esta coyuntura, la ayuda internacional se torna imprescindible, si bien la Junta Militar que rige el país, fiel a su aislacionismo, ha dificultado la entrada tanto de material como de cooperantes y voluntarios extranjeros que puedan distribuir los objetos de primera necesidad que se precisan entre la población.
La ONU cuantificaba este viernes en 187 millones de dólares la cantidad que se necesita de manera urgente para a paliar las consecuencias del ciclón entre el millón y medio de afectados. Pero estas buenas intenciones no encuentran calado en Rangún, que optó por prohibir los vuelos de ayuda, aunque este sábado, al menos, permitirá que aterricen en terreno birmano dos aviones. El lunes está previsto, además, que llegue otra aeronave estadounidense.
Por otra parte, las trabas también quedan claras observando cómo se mantienen inmovilizados cerca de la frontera decenas de cooperantes. El régimen aseguró que no necesitaba ayuda exterior y su aparato burocrático expide con inusitada lentitud y parsimonia los visados que permiten la entrada en su territorio de extranjeros. Para mayor asombro del mundo, los funcionarios se tomaron el viernes libre por una fiesta local.
Un proyecto de Constitución incompleto
Entretanto, la votación, fijada de antemano, se ha convertido en una fecha inoportuna y cuyo aplazamiento hubiera supuesto un gesto hacia la parte de la población afectada. Sin embargo, ya no hay vuelta atrás y el futuro del país se decidirá en una de las peores situaciones humanitarias de su historia.
El régimen había pedido la aprobación del borrador constitucional que comenzó a redactar en 1993 y que concluyó el año pasado sin contar con la oposición democrática, había dicho por televisión, radio y prensa escrita que el verdadero patriota votará ’sí’, mientras que por el otro lado intimidaba o detenía a cualquier individuo que promocionaba el ‘no’.
Según algunos analistas, la Junta Militar continuó adelante con el referéndum porque teme que si hace una concesión a la comunidad internacional habrá abierto la puerta para más demandas.
La oposición democrática encabezada por la Liga Nacional por la Democracia (LND), de la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, y las principales organizaciones de las etnias minoritarias han rechazado el texto constitucional por entender que legitimará la dictadura militar.
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