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La Bicha y La Cuaima con el Angeólogo 26 de febrero
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Cortesía de RCR 750 AM
Que verguenza de revolución, definitivamente y que sea una mujer quien saque esa comunicación es realmente bochornoso. Será que quien lo envio tiene envidia del genero femenino. Los remito a una frase de nuestros viejos: “Quien peca mas, el que peca por la paga o el que paga por pecar”.
Que pena con los presidente en Cancun, todos mirando para otro lado haciendose los locos con Chavez y Raul Castro, ignorando el asalto a la dignidad de el Presidente de Honduras y a las personas que estaba en Cuba en huelga de hambre y que dejaron morir, ojo con Brito
Desde Cali Colombia.
Buenisimo el programa.Que Dios Todopoderoso bendiga al pueblo de Venezuela y que pronto pueda alcanzar su libertad.Amén
Hola los quiero muvho el angeólogo siempre las pega y la bicha y la cuaima tambien dios los bendiga la virgen los protega y los angeles los bendiga siempre.por favor ya no tengo dinero para que me den un con todo isbella celina useche p 17-09-1966 y mi mama celina pernia 30-11-1935 con todo por favor y que me pongo para el dolor de piernas y mi mama si se va a poner bien por favor se los suplico
“Todos los aduladores son mercenarios, y todos los hombres de bajo espíritu son aduladores”
ARISTOTELES
“El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad”
EINSTEIM
La esclavitud no es un estado sino una forma de vida a la que nos fuerzan u optamos vivir.
Elige bien.
VENEZUELA
DESPIERTA Y REACCIONA
Cumple y haz cumplir la constitución 1999
Articulo 350.
Como el bambú japonés…
…No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.
También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada, apurándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita seas!
Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente.
Durante los primeros meses no sucede nada apreciable.
En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto,que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.
Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡mas de 30 metros!
¿Tardó sólo seis semanas crecer?
No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.
Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.
Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.
Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.
Es tarea difícil convencer al impaciente de que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y coherente y saben esperar el momento adecuado.
De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.
Y esto puede ser extremadamente frustrante.
En esos momentos (que todos pasamos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que, en tanto no bajemos los brazos ,ni abandonemos por no “ver” el resultado que esperamos, sí está sucediendo algo dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando.
Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.
El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación.
Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.
Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.
Tiempo… ¡Cómo nos cuestan las esperas!
¡Qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos!
Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer del taxi… nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué.
Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés…
¿Para qué?
Propongámonos tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación.
Gobernar aquella toxina llamada impaciencia, la misma que nos envenena el alma.
Si no consigues lo que anhelas, no desesperes… quizá sólo estés echando raíces….
PACIENCIA Y ESPERANZA.